domingo, febrero 06, 2005

Bienvenido Lotabin d=)

Algo genial de los programas de PC para comunicaciones, es como cada uno tiene su mágica aura propia y personalidad.
Porque al final serán siempre caracteres siendo leídos en nuestra pantalla y escritos a varios miles de pantallas de distancia, pero en cada vía de comunicación los mensajes se reciben con una personalidad particular.
No es lo mismo mandar un mensaje instantáneo por cualquier IM, que un mail que va a ser leído por la persona cuando esté de humor de mails.
No es lo mismo un mensaje en un thread del foro a la vista de todos, que una opinión en el fotolog frente a los más allegados internéticos del destinatario, o que un privado mail que sólo va a ser leído por esa persona.
Ni tiene el mismo aura contestar ese offline [que puede o bien ser respondido estilo mail o bien ser usado para empezar una conversación], que la que tiene el dejarle un mensaje en el nick de msn [codificado o no].
Y quizás les parezca una estupidez irrelevante todo esto, o ni siquiera lo noten en su vida cotidiana, pero a mí me produce algo tan tan distinto recibir un mensaje por cada medio. E incluso el medio ambiente en el que estoy parado al momento de pensar qué contestar [o si contestar] cambia tanto, que es palpable cómo no soy la misma persona en uno y en otro.
Un detalle increíblemente irrelevante cómo una variación en el código fuente de un programita ejecutable y un cambio de apariencia frente a mis ojos, y ya soy otra persona.
Es algo de lo que no tenemos consciencia, pero pasa constantemente.
Todo lo que nos toca nos deja una marca, y nos condiciona cambiando la dirección en la que vamos.
Es como que vinimos al mundo inmaculados como una hoja en blanco, pero con la forma de una bolita flotando en el medio de la nada y quieta. O quizás con una pequeña vibración natural [¿genética?] que nos predisponía a ir más en una dirección que en otra, pero no nos desplazábamos espacialmente.
Y al entrar al mundo, esa bolita empezó a recibir golpes [estímulos externos], que la hacían empezar a moverse cada vez más y en las direcciones más variadas.
Si miramos a la velocidad, la bolita al principio está quieta cuando es un recién nacido, va cada vez más rápido en los primeros años, y al llegar determinada edad la velocidad empieza a decrecer progresiva e inevitablemente, acotando cada vez más la dirección en que va la bolita, y dejando menos posibilidades de elección libres.
Y si entendemos lo que es una persona como la dirección en la que va y la suma de los recuerdos pasados, podríamos imaginar que la bolita fue dejando una estela, y el dibujo que dejó en el espacio esa estela son sus recuerdos, mientras que su vibración interna, y la dirección y velocidad de su desplazamiento espacial es su forma de ser y actuar.
Lo triste, es que a medida que los destinos posibles se acotan y uno se vuelve viejo, también va disminuyendo increíblemente el efecto que causan en nosotros los estímulos externos, y nos vamos desensibilizando de manera que el medio ya no tiene oportunidad de cambiar nuestro destino.
Uno se vuelve viejo e insensible, y a medida que ese proceso avanza va perdiendo su libertad de cambiar.
La sensibilidad es libertad. Y al mismo tiempo no. Es una libertad falsa porque no depende de nosotros sino del medio.
¿Puede uno cambiarse a sí mismo? ¿puede uno ser lo que quiere ser? ¿somos lo que queremos ser?
¿O no sólo no tenemos control sobre nosotros mismos para ser lo que queremos sino que ni siquiera sabemos qué queremos ser?
Yo preguntándome esta mierda y hoy a la tarde vi en un canal de documentales a un tipo especializado en identificar qué tipo de insectos solían ser antes de estallar en pedazos las manchas en los parabrisas de los autos.
La pucha si eso no es gente que sabe qué hacer con su tiempo libre.